LA ESCLAVA
- Categoría: NOVELA
- Publicado: Miércoles, 14 Junio 2017 17:37
- Escrito por Super User
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“Mi nombre es Liliana, nací en Cuba aunque de madre almeriense. Hace ya años que vivo en tierras españolas. Hasta aquí me trasladé cuando era solo una niña con mi patrón, en el último viaje que realizó de Cuba hasta España; el trabajo empieza pronto para todos los que somos desheredados. Con todo, mi vida, gracias a mi ama, ha sido cómoda y fácil. He aprendido muchas cosas de ella, quizá ya sé más que las que me enseñó. Yo fui testigo de toda una vida de amor y pasión. También conocí otras personas interesantes, como mi misma dueña, y he decidido aquí dejar constancia de algunos de estos hechos para que sirvan de ejemplo a todos los que algún consuelo busquen en mis páginas. Mi dueña me enseñó a escribir, necesitaba de una persona de su confianza que supiera leer y usar de cierta pericia lingüística el idioma, más o menos en el mismo nivel de destreza que ella poseía. En un mundo lleno de insidias, donde la política es protagonista, donde unos se espían a otros y existe el riesgo de morir asesinado o encarcelado, es necesario moverse entre personas fieles. Yo todo se lo debía, así que nada ganaba con traicionarla. Seguí sus enseñanzas y ahora aquí estoy relatando su propia historia. Ustedes son los que han de juzgar si fue una buena maestra.”(Fragmento del Capítulo Primero.)
“Debajo de la capa de Luis Candelas,
Mi corazón amante vuela que vuela.
Madrid te está buscando para prenderte…
Y yo te busco solo para quererte”

I
GRANADA
Estoy convencida de que en la vida, como en El gran teatro del mundo de Calderón, Dios asigna un papel a cada criatura humana: su propia vida. De la dignidad y abnegación con que vivamos nuestra pobre existencia depende nuestra salvación, no solo más allá de la muerte sino entre los mismos mortales. La vida es un ten con ten difícil de sostener, porque a los hombres nos arrastran las pasiones humanas, sobre todo la del amor. Es difícil defender muchas veces la frontera que separa el bien del mal para nosotros mismos y sin darnos cuenta en ocasiones nos situamos en terreno peligroso para nuestro propio devenir. Estoy convencida de que existe el bien y existe el mal, la tierra y el infierno, la bondad y la hipocresía, la verdad y la mentira, la salud y la enfermedad… como verdades absolutas y respectivamente en cada una grados de bien y de mal. Los hombres que creen en la relatividad de las cosas pueden defender en sus vidas cualquier planteamiento sin sentirse culpables cuando se sitúan en el terreno del mal. Mas nunca hay que pensar así verdaderamente, dejar arrastrarnos por nuestras propias pasiones o por nuestro propio interés sembrará en nuestro corto trayecto la semilla del error.
Todos nos hemos equivocado por no saber lo suficiente, nuestras mentes se han trocado muchas veces en la infancia y en la pubertad por una serie tal vez fortuita de acontecimientos adversos. A muchos de nosotros como a mí misma esto les ha acarreado desgracias y enfermedades mentales. Todos tenemos derecho a equivocarnos, mucho más cuando nos somos conscientes de nuestro propio errar, de sabios será sin duda el poder rectificar.
(Inicio Capítulo primero de la novela El jardin de las delicias)

I
Querido Dreifus:
Recibí el mes pasado tu carta. Me complace saber que aún te acuerdas de los viejos amigos.
Creí entender por tus palabras que volvías a Madrid a terminar tus estudios de derecho, nunca los debías haber dejado. La policía es hoy un cuerpo corrupto,¡ no sabes hasta donde! Espero que al llegar a Madrid lo primero que hagas, antes de ir a la Universidad y empezar de nuevo tu cuarto curso, es que vengas a verme a mí. No te quiero alarmar por carta, no quiero dejar escrito las cosas que he de explicarte, cosas que tú mismo habrás de juzgar como insólitas. La vida pasa de la manera menos insospechada, lo que nunca crees que te va ocurrir es lo que llega a suceder. Sabes, es muy doloroso hasta decirlo, mi marido ha muerto y necesito de tu amistad. No es lo que tú crees sospechar, tengo un último trabajo para ti y sin tu ayuda e interés creo que será imposible concluirlo satisfactoriamente. Si algo queda de nuestro pasado te ruego que no traiciones mi amistad, aunque es sólo eso una amistad. Sé que en breve llegarás, debes acudir a mi casa lo primero, me es urgente el poderte ver.
Recuerdas aquel tiempo lejano, cuando éramos apenas dos muchachos, tal vez nunca debí casarme con el Doctor Barcia, era sin duda un hombre admirable, tal vez no tan bien parecido como tú, pero lo habrás comprendido ya; yo era una joven desprovista de bienes y él me ofreció seguridad. Ahora sin duda han cambiado muchas cosas, lo nuestro es solo una amistad, pero también es una amistad necesaria.
Como te fuiste de Madrid cuando me casé no has podido conocer a mi hijo, tiene cuatro años y es encantador. Ahora estamos solos los dos. La desgracia ha querido cebarse con nosotros arrebatándonos a Augusto. Pero ha sucedido aún más. Te lo vuelvo a reiterar ven a verme, tú has sido siempre un corazón generoso, un alma destinada a la verdadera justicia social.
No tengo más que decirte por carta, las cosas resultan siempre mejor cuando se tratan cara a cara. Si llegas a tiempo esperándote me encontrarás.
Siempre tuya,
Eugenia Castels