18 Oct 2017
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Presentacion Delicias

I

GRANADA

 Estoy convencida de que en la vida, como en El gran teatro del mundo de Calderón, Dios asigna un papel a cada criatura humana: su propia vida. De la dignidad y abnegación  con que vivamos nuestra pobre existencia depende nuestra salvación, no solo más allá de la muerte sino entre los mismos mortales. La vida es un ten con ten difícil de sostener, porque a los hombres nos arrastran las pasiones humanas, sobre todo la del amor. Es difícil defender muchas veces la frontera que separa el bien del mal para nosotros mismos y sin darnos cuenta en ocasiones nos situamos en terreno peligroso para nuestro propio devenir. Estoy convencida de que existe el bien y existe el mal, la tierra y el infierno, la bondad y la hipocresía, la verdad y la mentira, la salud y la enfermedad… como verdades absolutas y respectivamente en cada una grados de bien y de mal. Los hombres que creen en la relatividad de las cosas pueden defender en sus vidas cualquier planteamiento sin sentirse culpables cuando se sitúan en el terreno  del mal. Mas nunca hay que pensar así verdaderamente, dejar arrastrarnos por nuestras propias pasiones o por nuestro propio interés sembrará en nuestro corto trayecto la semilla del error.

   Todos nos hemos equivocado por no saber lo suficiente, nuestras mentes se han trocado muchas veces en la infancia y en la pubertad por una serie tal vez fortuita de acontecimientos adversos. A muchos de nosotros como a mí misma esto les ha acarreado desgracias y enfermedades mentales. Todos tenemos derecho a equivocarnos, mucho más cuando nos somos conscientes de nuestro propio errar, de sabios será sin duda el poder rectificar.

(Inicio Capítulo primero de la novela El jardin de las delicias)

Última actualización el Sábado, 02 de Julio de 2016 10:08