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NOVELA

LA ESCLAVA

esclava

Prólogo

 << Recuerda bien estas palabras e imprímelas en tu mente, es necesario para todo llevar una coraza. Vístete como un guerrero y esconde detrás de todos esos hierros tu verdadera personalidad. No dejes nunca que tus instintos se manifiesten, la inocencia se paga muy caro. Es necesario que pienses antes cada uno de tus actos. Tu sangre, la conozco, es buena , pero eso no te servirá en la vida para ser feliz. Tu piel es tostada, como la mía hubiera sido de correr peor suerte. En un mundo de blancos un negro no vale nada, si das un paso en falso serás duramente castigada. La gente lleva en su rostro una bonita máscara veneciana, detrás de ella se esconden los más bajos instintos, las palabras más groseras, la más humillante intención. Escucha bien lo que te digo: calcula todos y cada uno de tus pasos antes de salir a bailar. Sea como fuere nunca quites de tu rostro la máscara. Si escoges la adecuada podrás complacer al mundo, aquí entre las paredes de tu casa te olvidarás… Hay países que abominan de la esclavitud, ahora eres una mujer libre, el camino se hace ligero cuando ofrece la libertad.

 Piensas acaso Melania que todos a tu alrededor gozan de libertad. Estás equivocada, los hombres y las mujeres temen a la vida, se esconden bajo los aleros de los tejados los días lluviosos para que ni una sola gota les perturbe su seguridad. La libertad es un don preciado que sólo está al alcance de unos pocos, para ello no basta sólo el dinero aunque sea una parte indispensable. Sólo aquellos que han sufrido en sus propias carnes el maltrato de la vida, sólo aquellos que se han ido forjando en el sufrimiento, son capaces de aguantar los golpes que da el herrero sobre el yunque.

 Tú has conocido la pobreza, la has sentido como tuya, y has visto a tu alrededor grandes señores que podían vivir a su antojo sin obligaciones, pero ellos tampoco son libres porque carecen de la fortaleza que tornea el cuerpo con las duras embestidas de la vida, como los golpes de mar dan forma a las rocas de los acantilados.

Todo les es fácil y en esas condiciones nada se puede verdaderamente apreciar. La mayoría son pisaverdes que lloran desconsolados por alguna señorita desdeñosa detrás de las cancelas, mientras ella se pasea altiva y seduciendo uno por uno a todos cuantos van cayendo a sus pies.

 Te has educado entre esclavos, a los pies de los ricos. Conoces la obligación y la miseria, no has conocido ni a tu padre, ni a tu madre… Ahora puedes escapar...No lo dudes, huye a otro lugar donde tu pasado sea solamente una estela en el mar. Nadie podrá despreciarte ni utilizarte. Tienes suerte, aunque morena, tu piel, no deja traslucir del todo tu raza. Pero vendrán los hijos, y si sigues aquí todos te darán la espalda. Más allá de nuestras fronteras son muchos los que critican nuestra forma de vida. Más allá de nuestras fronteras el oro español sigue teniendo su valor. ¡Conquista tu propia libertad!>>

María Ángeles Rodríguez, fragmento de La Esclava (NOVELA)

Vidas Paralelas

   “Mi nombre es Liliana, nací en Cuba aunque de madre almeriense. Hace ya años que vivo en tierras españolas. Hasta aquí me trasladé cuando era solo una niña con mi patrón, en el último viaje que realizó de Cuba hasta España; el trabajo empieza pronto para todos los que somos desheredados. Con todo, mi vida, gracias a mi ama, ha sido cómoda y fácil. He aprendido muchas cosas de ella, quizá ya sé más que las que me enseñó. Yo fui testigo de toda una vida de amor y pasión. También conocí otras personas interesantes, como mi misma dueña, y he decidido aquí dejar constancia de algunos de estos hechos para que sirvan de ejemplo a todos los que algún consuelo busquen en mis páginas. Mi dueña me enseñó a escribir, necesitaba de una persona de su confianza que supiera leer y usar de cierta pericia lingüística el idioma, más o menos en el mismo nivel de destreza que ella poseía. En un mundo lleno de insidias, donde la política es protagonista, donde unos se espían a otros y existe el riesgo de morir asesinado o encarcelado, es necesario moverse entre personas fieles. Yo todo se lo debía, así que nada ganaba con traicionarla. Seguí sus enseñanzas y ahora aquí estoy relatando su propia historia. Ustedes son los que han de juzgar si fue una buena maestra.”(Fragmento del Capítulo Primero.)

 

“Debajo de la capa de Luis Candelas,

Mi corazón amante vuela que vuela.

Madrid te está buscando para prenderte…

Y yo te busco solo para quererte”

El Jardín de las Delicias

I

GRANADA

 Estoy convencida de que en la vida, como en El gran teatro del mundo de Calderón, Dios asigna un papel a cada criatura humana: su propia vida. De la dignidad y abnegación  con que vivamos nuestra pobre existencia depende nuestra salvación, no solo más allá de la muerte sino entre los mismos mortales. La vida es un ten con ten difícil de sostener, porque a los hombres nos arrastran las pasiones humanas, sobre todo la del amor. Es difícil defender muchas veces la frontera que separa el bien del mal para nosotros mismos y sin darnos cuenta en ocasiones nos situamos en terreno peligroso para nuestro propio devenir. Estoy convencida de que existe el bien y existe el mal, la tierra y el infierno, la bondad y la hipocresía, la verdad y la mentira, la salud y la enfermedad… como verdades absolutas y respectivamente en cada una grados de bien y de mal. Los hombres que creen en la relatividad de las cosas pueden defender en sus vidas cualquier planteamiento sin sentirse culpables cuando se sitúan en el terreno  del mal. Mas nunca hay que pensar así verdaderamente, dejar arrastrarnos por nuestras propias pasiones o por nuestro propio interés sembrará en nuestro corto trayecto la semilla del error.

   Todos nos hemos equivocado por no saber lo suficiente, nuestras mentes se han trocado muchas veces en la infancia y en la pubertad por una serie tal vez fortuita de acontecimientos adversos. A muchos de nosotros como a mí misma esto les ha acarreado desgracias y enfermedades mentales. Todos tenemos derecho a equivocarnos, mucho más cuando nos somos conscientes de nuestro propio errar, de sabios será sin duda el poder rectificar.

(Inicio Capítulo primero de la novela El jardin de las delicias)

Tras el tapiz

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I

Querido Dreifus:

Recibí el mes pasado tu carta. Me complace saber que aún te acuerdas de los viejos amigos.

Creí entender por tus palabras que volvías a Madrid a terminar tus estudios de derecho, nunca los debías haber dejado. La policía es hoy un cuerpo corrupto,¡ no sabes hasta donde! Espero que al llegar a Madrid lo primero que hagas, antes de ir a la Universidad y empezar de nuevo tu cuarto curso, es que vengas a verme a mí. No te quiero alarmar por carta, no quiero dejar escrito las cosas que he de explicarte, cosas que tú mismo habrás de juzgar como insólitas. La vida pasa de la manera menos insospechada, lo que nunca crees que te va ocurrir es lo que llega a suceder. Sabes, es muy doloroso hasta decirlo, mi marido ha muerto y necesito de tu amistad. No es lo que tú crees sospechar, tengo un último trabajo para ti y sin tu ayuda e interés creo que será imposible  concluirlo satisfactoriamente. Si algo queda de nuestro pasado te ruego que no traiciones mi amistad, aunque es sólo eso una amistad. Sé que en breve llegarás, debes acudir a mi casa lo primero, me es urgente el poderte ver.

Recuerdas aquel tiempo lejano, cuando éramos apenas dos muchachos, tal vez nunca debí casarme con el Doctor Barcia, era sin duda un hombre admirable, tal vez no tan bien parecido como tú, pero lo habrás comprendido ya; yo era una joven desprovista de bienes y él me ofreció seguridad. Ahora sin duda han cambiado muchas cosas, lo nuestro es solo una amistad, pero también es una amistad necesaria.

Como te fuiste de Madrid cuando me casé no  has podido conocer a mi hijo, tiene cuatro años y es encantador. Ahora estamos solos los dos. La desgracia ha querido cebarse con nosotros arrebatándonos a Augusto. Pero ha sucedido aún más. Te lo vuelvo a reiterar ven a verme, tú has sido siempre un corazón generoso, un alma destinada a la verdadera justicia social.

No tengo más que decirte por carta, las cosas resultan siempre mejor cuando se tratan cara a cara. Si llegas a tiempo esperándote me encontrarás.

Siempre tuya,

Eugenia Castels